Fiesta de las Fallas Ribagorza
La fiesta de las Fallas Ribagorza es una de las celebraciones más espectaculares y antiguas del Pirineo aragonés, enmarcada dentro de las fiestas del fuego de San Juan, muy presentes en las localidades de montaña. Esta tradición, que combina elementos rituales, festivos y comunitarios, ha perdurado generación tras generación como símbolo de identidad y cohesión social en la comarca.
En Ribagorza, pueblos como Sahún, Montanuy y Laspaúles han mantenido viva esta tradición de manera ininterrumpida. Otros, como Aneto, Bonansa, Gabás o Castanesa, han recuperado la celebración en los últimos años, devolviendo así el brillo de las antorchas a sus noches de verano. Aunque en algunos municipios desapareció durante décadas, el esfuerzo de las asociaciones locales y vecinos ha permitido que esta costumbre vuelva a ocupar un lugar central en el calendario de festividades ribagorza.
Generalmente, la fiesta de las Fallas se celebra el 23 y 24 de junio, coincidiendo con la festividad de San Juan, aunque en determinados pueblos la fecha puede variar para adaptarse a otras celebraciones locales. El ciclo festivo comienza aproximadamente un mes antes, cuando los falleros se internan en los bosques para cortar los troncos de abeto o pino que, una vez tallados y preparados, se convertirán en las fallas. Este trabajo previo es un auténtico acto comunitario, en el que participan personas de todas las edades, reforzando el sentido de pertenencia y colaboración.
El momento más esperado llega en la noche del 23 de junio. Los falleros ascienden hasta lo alto del Faro o montaña cercana, donde se enciende una gran hoguera. Allí, a la luz de las llamas y con un ambiente cargado de emoción, se prenden las fallas. A partir de ese instante, una serpiente de fuego comienza a descender lentamente por la ladera, dibujando una estampa mágica visible desde todo el valle.
El recorrido finaliza en el pueblo, donde las campanas de la iglesia tocan a oración. Se hace una parada simbólica en el cementerio, recordando a los que ya no están, para después continuar hasta la plaza o punto central, donde las fallas individuales se arrojan al pie de la gran falla común, creando una imponente hoguera que ilumina la noche.
Alrededor de este momento central se organizan actividades paralelas: degustaciones de productos típicos de la tierra, música tradicional, danzas populares y encuentros intergeneracionales que se prolongan hasta el amanecer. De este modo, la fiesta no solo conserva un profundo sentido ritual, sino que también se convierte en un atractivo de primer orden para el turismo cultural en Ribagorza.
En 2013, las Fallas fueron declaradas Bien Inmaterial del Patrimonio Aragonés. Dos años más tarde, en diciembre de 2015, obtuvieron el reconocimiento internacional como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, junto a otras celebraciones del Pirineo aragonés, catalán, andorrano y francés. Este reconocimiento confirma su valor como una de las tradiciones más auténticas y fascinantes de la cordillera.