Juego de las Birllas en Campo
El juego de las birllas es una de las tradiciones más singulares y vivas de Campo, una localidad de Ribagorza que ha sabido conservar con orgullo este patrimonio cultural. Su preservación y difusión se deben en gran parte a la labor incansable de la Asociación Deportiva El Rampeu, fundada en 1990 y compuesta actualmente por unas 200 socias. Desde sus inicios, esta asociación ha trabajado con dos objetivos claros: mantener intacto el valor histórico del juego y motivar a las nuevas generaciones de mujeres para que se inicien en esta práctica.
Durante el verano, es frecuente que las calles de Campo se llenen de vida con las partidas de birllas, convirtiéndose en un espectáculo tanto para vecinos como para visitantes. El terreno de juego debe ser llano y sobre él se colocan las nueve birllas —piezas torneadas en madera de haya— en tres filas de tres. Estas birllas, aunque de forma cilíndrica, presentan una característica forma irregular: más gruesas en el centro, creando una especie de “barriga”, y afinándose en sus extremos.
El elemento clave para derribarlas es el bolo, una pieza de madera que pesa casi cuatro kilos y cuenta con dos hendiduras: una para el dedo pulgar y otra para el resto de los dedos, permitiendo un lanzamiento firme y controlado. El juego se disputa entre dos equipos formados por dos a cinco mujeres cada uno. El objetivo es sencillo pero requiere precisión y fuerza: derribar el mayor número posible de birllas. La partida continúa hasta que uno de los equipos consigue hacer seis manos, lo que significa lograr seis puntos o rondas ganadas.
El juego de las birllas no es solo una actividad deportiva, sino también un elemento de cohesión social. Reúne a mujeres de diferentes edades, fomenta la convivencia intergeneracional y refuerza el vínculo con las raíces locales. Además, su práctica en plena calle, frente a vecinos y visitantes, convierte cada partida en un acto festivo que forma parte del turismo cultural de Ribagorza.
Quien visite Campo en época estival no debería perder la oportunidad de presenciar este juego tradicional, que forma parte de las experiencias únicas que definen la identidad del municipio y su compromiso con la preservación de las costumbres. Las birllas, más que un juego, son un legado vivo que sigue desafiando el paso del tiempo.