Las setas son uno de los sabores que mejor definen el paisaje culinario de Ribagorza. Cuando llega la temporada, que suele moverse entre agosto y diciembre según la zona y el clima, los bosques de la comarca ofrecen un surtido muy amplio de especies comestibles, conviviendo —como ocurre en cualquier territorio micológico— con otras que no lo son y pueden resultar peligrosas. Por eso, aquí el disfrute va siempre de la mano del respeto: al monte se va a observar, aprender y saborear… con cabeza.
Variedad de especies y bosques donde aparecen
Entre las setas más apreciadas destacan los ceps (boletus edulis), presentes en bosques de hayas, robles, castaños, abetos y pinos de montaña. También se menciona la amanita cesarea (conocida como ou de reig), que aparece en claros de castaños, robles, encinas y jaras, muy valorada por su sabor dulce y aroma delicado.
En la comarca son populares igualmente las llanegas (hygrophorus) asociadas a pinares; los rovellones o níscalos (lactarius deliciosus); la llengua de bou o lengua de vaca (hydnum repandum), habitual en bosques de coníferas; y los agaricus o moixardones.
En la cocina: tradición de montaña
Esa riqueza micológica se refleja en recetas sencillas, de temporada y muy ligadas a la cocina de casa. Un buen ejemplo es el conejo con setas, una preparación clásica en la que el sabor del bosque se integra en un plato contundente, perfecto para el otoño.